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En una conferencia en el CGAC, Santiago de Compostela, Pereiro
hablaba así de sí mismo: “Viví casi como los salvajes hasta los 16
años. El campo, los animales, los campesinos, las estaciones, el
frío, la lluvia.La naturaleza es fuerte y a las personas que viven
en ella las marca profundamente. La naturaleza es perfecta tanto por
su belleza como por su crueldad. Pasados los 18 años recalé en
Zúrich,
Suiza, evitando así el servicio temido militar y más o menos me quedé por
allí. Más tarde viví cerca de 10 años en Barcelona y , aunque algo
más en
Zúrich,
ahora me muevo en las dos ciudades.
Zúrich,
que al principio amputó mi vida por completo no sólo
por el shock cultural que ello supuso, sino por el
desprecio y desinterés de aquella sociedad neutral de mirada opaca y
sin rostro.

- Jamás hubo ni habrá (ahora es ya inútil) relaciones de carácter
normal con la comunidad artística local. Algo incomprensible pero a
los artistas de origen foráneo se nos ignora, evita y menosprecia
conscientemente. En
Zúrich
me extirparon el sentido de pertenencia a una comunidad. No tengo
patria, país, ni tierra. No soy de ninguna parte. Pero al menos
tengo la ilusión de ser de todas a la vez, esto me gusta”